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Armas desenfundadas, 4 fallecidos y una bandera de Trump ondeando en el Capitolio

“¿Dónde están?”, exigió saber un partidario de Trump, una de las docenas de personas que campaban por las salas del Capitolio, ondeando banderas a favor de Trump y aporreando las puertas.

Las personas a las que buscaba -legisladores, empleados y otros- estaban escondidas bajo sus mesas, encerradas en espacios seguros, rezando y viendo desde un violento primer plano las consecuencias de las divisiones en el país.

Había armas desenfundadas. Una mujer murió baleada por la policía y otros tres murieron en aparentes emergencias médicas. Una bandera de Trump ondeó en el Capitolio. La solemne sala de la Rotonda hedía a gas lacrimógeno. En el suelo quedaron cristales rotos.

Los espacios más venerados de la democracia estadounidense fueron cayendo uno tras otro ante la ocupación del Congreso.

La turba partidaria de Trump tomó el escaño del presidente del Senado, las oficinas de la presidenta de la Cámara de Representantes y el atril de orador del Senado, donde un hombre exclamó, “Trump ganó esas elecciones”.

Los intrusos se burlaron de los líderes del Congreso, posaron para fotos en la oficina de la presidenta de la cámara baja, Nancy Pelosi, uno de ellos con los pies sobre el escritorio; otro se tomó fotos en el mismo asiento que había ocupado poco antes el vicepresidente del país, Mike Pence, durante el proceso para certificar los votos del Colegio Electoral. El trámite de certificación terminó celebrándose, pero no hasta pasada la medianoche.

La jornada, en la que el Congreso iba a ratificar la victoria del presidente electo, Joe Biden, había comenzado como un choque de realidad para el fútil intento del presidente, Donald Trump, de aferrarse al poder. Después derivó a escenas de miedo y angustia que golpearon con dureza un importante rito de la democracia estadounidense.

En un mitin por la mañana en el parque de The Ellipse de Washington, Trump dijo a los manifestantes que iría con ellos al Capitolio, aunque no fue así. En lugar de eso, les envió al lugar con una retórica incendiaria.

“Si no pelean como demonios, se quedarán sin país”, les dijo. “Dejen que los débiles se marchen”, añadió, “este es un momento para la fuerza”.

Su abogado, Rudy Giuliani, dijo a la multitud: “Hagamos un juicio por combate”.

Lo que ocurrió el miércoles no fue otra cosa que un intento de golpe, dijo la representante Diana DeGette, demócrata de Colorado. El senador Ben Sasse, republicano de Nebraska y que critica a a menudo a Trump, afirmó que “Hoy, el Capitolio de los Estados Unidos, el mayor símbolo de autogobierno del mundo, fue saqueado mientras el líder del mundo libre se escondía detrás de su teclado”.

 “Las mentiras tienen consecuencias. Esta violencia fue el inevitable y feo resultado de la adicción del presidente por sembrar la división constantemente”, añadió Sasse.

La policía dijo haber recuperado dos bombas de tubo, una ante el Comité Nacional Demócrata y otra ante el Comité Nacional Republicano, así como una nevera de pícnic que estaba en un vehículo en los terrenos del Capitolio y que contenía un arma larga y cócteles incendiarios.

Sin embargo, en un video compartido 90 minutos después de que los legisladores fueran evacuados, Trump dijo a los asaltantes: “Les queremos. Son muy especiales”, al tiempo que les pedía que se fueran a casa.

Las autoridades retomaron el control del recinto al caer la noche.

Agentes fuertemente armados que llegaron como refuerzos empezaron a utilizar gas lacrimógeno en un esfuerzo coordinado por desplazar a la gente hacia la puerta. Después recorrieron las diferentes salas buscando a rezagados y empujaron a la multitud hacia la plaza y el patio del edificio entre nubes de gas lacrimógeno, y el ruido y los destellos de las granadas aturdidoras.

Videos del lugar también mostraban a agentes dejando que la gente saliera con tranquilidad por las puertas del Capitolio pese a los disturbios y el vandalismo. Apenas se hicieron una docena de detenciones en las horas posteriores a que las autoridades recuperasen el control. Una mujer fue baleada antes, cuando la turba intentaba echar abajo una puerta del edificio bloqueada por una barricada, con policía armada al otro lado.

La mujer fue hospitalizada con una herida de bala y murió más tarde.

Algunos de los que estaban en el Capitolio habían visto lo que se avecinaba por las ventanas. El representante demócrata Dean Phillips de Minnesota miró a la multitud que crecía en el lugar poco después de que Trump se dirigiera a sus seguidores en el Ellipse, avivando su descontento sobre unas elecciones que tanto el mandatario como sus seguidores afirman, contra toda evidencia, que ganó Trump.

“Miré por la ventana y vi lo superada en número que estaba la Policía del Capitolio”, dijo Phillips. Bajo las gradas colocadas para el acto de investidura de Biden, los partidarios de Trump chocaron con la policía, que empleó aerosol de pimienta en un intento de repelerles.

No funcionó. Masas de manifestantes sin mascarillas y con gorras de campaña de Trump derribaron las barricadas de metal a los pies de la escalera del Capitolio. Algunos gritaban “traidores” a los agentes que intentaban mantenerles fuera. Irrumpieron en el edificio.

Un aviso grabado por megafonía advertía que debido a una “amenaza externa de seguridad”, nadie podía entrar ni salir del complejo. Se oyó un fuerte ruido cuando las autoridades detonaron un paquete sospechoso para asegurarse de que no era peligroso.

Eran en torno a las 13:15 cuando el representante demócrata de Nueva Hampshire Chris Pappas dijo que la Policía del Capitolio había llamado a su puerta y “nos dijeron que lo dejáramos todo, saliéramos tan rápido como pudiéramos”.

“Fue impresionante lo rápido que las fuerzas de seguridad se vieron sobrepasadas por estos manifestantes”, dijo a The Associated Press.

Poco después de las 14:00, el senador republicano Chuck Grassley de Iowa y el vicepresidente Mike Pence fueron evacuados del Senado mientras manifestantes y policías gritaban a las puertas.

“Hay manifestantes en el edificio”, fueron las últimas palabras captadas por un micrófono en la retransmisión en vivo del Senado antes de que fuera desconectado.

La policía evacuó el salón de plenos a las 14:30, llevándose las cajas con certificados del Colegio Electoral al marcharse.

Phillips gritó a los republicanos: “¡Esto es culpa vuestra!”.

El representante demócrata de California Scott Peters dijo a la prensa que estaba en la cámara de Representantes cuando empezaron a irrumpir los asaltantes. Los agentes de seguridad instaron a los legisladores a ponerse máscaras de gas y los reunieron en una esquina de la gran sala.

“Cuando llegamos al otro lado de la galería, el lado republicano, nos hicieron tirarnos al suelo, se veía que estaban repeliendo alguna clase de agresión, lo parecía”, dijo. “Pusieron un mueble contra la puerta, la puerta, la entrada a la sala desde la Rotonda, y tenían armas desenfundadas”. Los agentes escoltaron después a los legisladores fuera de la cámara.

Poco después de que se les dijera que se pusieran máscaras de gas, la mayoría de los legisladores fueron escoltados con rapidez fuera de la sala. Pero algunos seguían en los asientos de la galería superior, donde se habían sentado por los requisitos de distanciamiento social.

Los parlamentarios, junto con un grupo de periodistas que habían sido escoltados desde la zona de prensa y trabajadores del Capitolio que sirven de conserjes, se echaron al suelo mientras la policía aseguraba una puerta a la parte inferior de la cámara con las armas visibles. Tras asegurarse de que los pasillos estaban despejados, la policía escoltó con rapidez a parlamentarios y otras personas por una serie de pasillos y túneles hasta una cafetería en uno de los edificios de oficinas de la cámara baja.

El representante demócrata Jim Himes de Connecticut dijo que “hubo un momento en el que los agentes apuntaban con sus armas a la puerta, obviamente esperaban un asalto por la puerta. Estaba claro que estaban bastante cerca de disparar, de modo que nos pidieron que nos echáramos al suelo en la cámara”.

Al salir del Capitolio, Himes dijo haber vivido en América Latina, y que “siempre asumí que nunca podría pasar aquí”.

“Sabemos desde hace años que nuestra democracia estaba en peligro, y esperemos que este sea el peor y último momento de eso”, dijo Himes. “Pero con un presidente animando a esta gente, con los republicanos haciendo todo lo que pueden por hacer que la gente sienta que les han arrebatado la democracia a pesar de que son ellos los que la están arrebatando, es muy difícil, muy triste. Me he pasado toda mi carrera política tendiendo la mano al otro lado. Y es muy difícil ver esto”.

El representante demócrata de Illinois Mike Quigley también estaba en la zona de tribuna. “No es bueno estar entre colegas aterrados, con armas apuntando hacia gente que tiene una barricada (…) gente llorando. No es lo que quieres ver”.

“Así es como comenzó un golpe”, dijo el representante demócrata de California Jimmy Gomez. “Así es como muere la democracia”.

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